Sopa de letras
Le diagnosticaron principios de pérdida de memoria aunque ella se acordaba siempre de lo que le producía miedo y de las propiedades de los alimentos.
Le recomendaron que leyese mucho e hiciera pasatiempos, puzzles, crucigramas y sopas de letras pero ella seguía con sus rutinas. Ver la tele en su programa favorito, cocinar según sus ideas culinarias y sus manías. Vestía sin preocuparse por lo que llevaba. Si le reprendían alguna vez siempre respondía: "El que no quiera que no mire".
A su casa iba una señora que le ayudaba en tareas domésticas y principalmente conversaba y comprobaba sus pasatiempos a los que ella no hacía mucho caso.
Pasaba el tiempo. Su marido comprobaba que sus sopa de Letras iba realizándose. Ya se habían completado algunos cuadernillos. Y bien hechos. ¡Qué alegría!.
Y un buen día, mientras las dos conversaban, descubrió que la asistenta tenía en sus dedos un bolígrafo y delante de ella su sopa de letras.
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